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El marketing educativo como palanca de innovación

El marketing educativo como palanca de innovación
23 agosto, 2022 Victor
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La innovación educativa es un tema que lleva encima de la mesa bastante tiempo porque marca un valor diferencial respecto a la calidad. Pero innovar es mucho más que una introducción sistemática de herramientas y metodologías TIC, supone un verdadero esfuerzo de gestión y organización que implica redefinir los roles y las relaciones profesor-alumno. Innovar en educación significa asumir una verdadera transformación, pero también implica un cambio en la cultura de las organizaciones. Si en marketing decimos que lo que no se mide no es marketing, en cuestiones de innovación educativa deberíamos ser aún más estrictos. Como dicen en mi pueblo, “los experimentos con gaseosa”.

Como no soy ningún experto en innovación educativa, dejemos a los zapateros de la innovación con sus zapatos innovadores para hablar de lo que el marketing educativo puede aportar al “producto” educativo para ayudar a mejorarlo. Y es que en las organizaciones escolares se está poniendo cada vez más en valor el marketing y la comunicación como herramientas de transformación. Este crecimiento del interés sobre las estrategias de captación y retención de alumnos no es una cuestión de tendencia, sino un imperativo estratégico para todo tipo de centros educativos. El marketing ha pasado a ocupar un lugar fundamental para la buena gestión de la educación y, por tanto, también puede suponer un gran aliado para la innovación educativa. Los colegios necesitan comunicar más y mejor su oferta de calidad que nace de la innovación. Y además tienen que ser económicamente sostenibles para que la innovación se pueda llevar a cabo, pues al final, todo, todo, todo, cuesta dinero o tiempo (y este también es dinero pues se traduce en horas de dedicación del personal).

Cuestión de sostenibilidad

La autosuficiencia de los centros educativos radica en la capacidad de ser rentables, o al menos, ser económicamente sostenibles, ofreciendo un servicio caracterizado por la excelencia, pero dentro de un mercado muy particular que se caracteriza por la alta competencia y una exigencia cada vez mayor por parte de las familias y del entorno socio-cultural.

La innovación educativa –que es nuclear en el marco de la misión y la identidad de gran parte de las instituciones educativas– requiere, además de especialistas para su implementación y evaluación, de una buena estrategia de comunicación que sirva para ponerla en valor entre la comunidad educativa. En este sentido, comunicar bien la innovación ayuda a que los profesores, principales agentes del cambio, sean capaces de entender el esfuerzo que requiere su integración en su la labor docente. Una buena comunicación, además, ayudará a que las familias entiendan ese proceso transformador como un elemento clave en la mejora de la educación de sus hijos.

El marketing educativo, que tiene su precedente en tareas y campañas de comunicación, se articula en torno a las propuestas de innovación de cada centro que permiten ofrecer un producto –en este caso, un servicio– mejorado y diferenciado. El mercado no permite limitarse a la comunicación de la oferta, sino que exige la mejora del producto, del proyecto educativo, para no solamente conseguir una interacción con el cliente (familias y alumnos), sino para generar un verdadero convencimiento de que nuestra oferta es la mejor.

Marketing e innovación deben ir de la mano

Innovación y marketing, lejos de transitar por caminos separados, deberían trabajar de la mano y aunar esfuerzos para impulsarse mutuamente. Así, el marketing deberá ofrecer información y planes de actuación específicos a partir de herramientas de análisis y de intervención que posibiliten la implantación de proyectos de innovación de interés y de calidad según las características del entorno y conforme a la demanda de la sociedad y las familias, mientras que la innovación deberá ser objeto de potenciación por parte del marketing para su introducción e impulso en los centros educativos.

Un buen ejemplo de esta retroalimentación lo tenemos recientemente con la creciente importancia de los espacios de aprendizaje. Estos, más allá de facilitar que los estudiantes estudien en entornos más o menos atractivos, han demostrado que acompañan a la labor docente con un impacto en su forma de aprender y de trabajar con determinadas metodologías innovadoras como el Aprendizaje Servicio. Además de su función pedagógica, los espacios también contribuyen a “vender”, o si lo prefieren a comunicar, mejor nuestra oferta educativa. Por tanto, vemos como la innovación y el marketing pueden ir de la mano.

El marketing educativo no es, por tanto, un apartado más de la gestión de los centros que afecta únicamente a la imagen del colegio o a su captación, sino que interfiere en aspectos fundamentales para la sostenibilidad de los centros y el desarrollo de su oferta educativa, así como a la calidad real del proyecto. Y esto afecta inevitablemente a la organización y a la gestión en su estructura interna, por lo que, al igual que la innovación, exige formación, recursos y tiempo que permita un desarrollo óptimo de ambas realidades.

Entender que el marketing educativo es más que subir fotos a las redes sociales o poner en marcha campañas publicitarias, supone comprender la relevancia de desarrollar verdaderamente un proyecto educativo que merezca la pena y que nos sitúe en el vértice de un sector tan complejo, pero tan relevante como es la educación.

Adaptación de la tribuna «La Educación en la encrucijada» publicado por Víctor Núñez en el suplemento de Innovación del periódico La Región. 

 

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