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Maker: la última tendencia tecnológica en Educación

Maker: la última tendencia tecnológica en Educación
Javier López

En 2005, nacía en Estados Unidos una revista bautizada con el nombre de “Make”, respondiendo a la creciente demanda de una subcultura en pleno crecimiento basada en los principios del DIY (Do it yourself  /  Hazlo tú mismo). Diez años después, Google dedicaba su quinto evento anual, TrendSpain, al movimiento Maker, reconociendo así el peso que estaba tomando en España, y su proyección a corto y medio plazo. Hoy, en el umbral de 2018, la cultura Maker está presente en distintos espacios sociales y empieza a hacerse hueco en el mundo educativo.

Pero ¿qué es la cultura Maker? En esencia, se trata de un movimiento basado en la idea de que todo el mundo puede hacerlo todo, sin necesidad de recurrir a terceros. Para ello, fomenta la cultura del aprendizaje a través del hacer (de ahí el concepto “Maker”, hacedor), en un ambiente social, abierto y colaborativo, con un cariz especialmente lúdico. Por su propia naturaleza es fácilmente aplicable a la Educación, y permite dotar a los sistemas pedagógicos de nuevas herramientas y vías para el aprendizaje. Entronca perfectamente con la tendencia actual al aprendizaje por proyectos, así como el “learning by doing”, y favorece la adopción transversal de cualquier innovación o tecnología.

De algún modo, la cultura Maker es un paso más en el deseo de pasar de la teoría a la práctica, y de encontrar, en la acción, nuevas formas de aprendizaje y asimilación de marcos teóricos. Con el surgimiento de internet, y después con las redes sociales, todos nos convertimos en creadores de contenidos digitales. Ahora, con nuevas tecnologías como las impresoras 3D, o la asimilación de técnicas de la computación y la robótica, es posible también construir objetos y estructuras físicas.

Makespaces: espacios para aprender haciendo

El siguiente paso, natural, está siendo la creación de espacios en los que desarrollar en común esta cultura: los makespace. De este modo, centros educativos y formativos, Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos (AMPAs), y todo tipo de organizaciones, han empezado a disponer espacios físicos en los que asimilar la cultura Make. Desde los mismos, sea en asignaturas no regladas, o como actividad extraescolar, miles de niños están ya aprendiendo robótica, y construyendo, en grupo, sus primeros artilugios electrónicos. Además, el espíritu colaborativo que da vida a este movimiento, puede llevar a la colaboración entre centros de un mismo nivel (por ejemplo, entre colegios de distintas ciudades), pero también de niveles distintos (colegios con institutos, institutos con universidades, etc).

Hoy, más que nunca, el futuro ha entrado en las aulas y los pasillos de los colegios. Asimilar las nuevas tecnologías es un reto ineludible en la Educación del siglo XXI, y así lo están haciendo ver familias y alumnos, al demandar con cada vez más fuerza espacios y posibilidades para crecer y abrirse a la cultura maker. La innovación, de nuevo, se convierte en un factor diferencial, un valor añadido que distingue los centros educativos a la vanguardia, de los que siguen mirando hacia atrás o no avanzan a la velocidad que exigen los tiempos.

Muestra de este cambio son los modelos adoptados en todo el mundo por centros educativos de todos los niveles y naturaleza; desde el Instituto High Tech High, de California, hasta Complubot, en la Universidad de Alcalá de Henares. También son ejemplos, los eventos en los que se centra la atención en este asunto, como los ya citados de ámbito internacional, y otros más locales como Maker Show Zgz.

 

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