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La educación, mejor ‘slow’

La educación, mejor ‘slow’
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La revista Cuadernos de Pedagogía, perteneciente a la empresa Wolters Kluwercelebraba anoche en el Matadero de Madrid, nada más y nada menos, que su 40 aniversario de periodismo educativo de calidad. Para ello prepararon un acto en el que repasaron su trayectoria y en el que contaron además con una ponencia de Carl Honoré, uno de los ideólogos del slow movement y autor del best seller internacional “Elogio de la lentitud”. Este movimiento reivindica la lentitud para hacer según qué cosas, como comer, escuchar, meditar, educar, disfrutar de leer un libro a tu hijo sin prisa…

Sin embargo vivimos en un mundo obsesionado por la rapidez, para muchos de nosotros cada momento del día parece una carrera. Por eso Honoré arrancó su conferencia haciendo que nos diéramos cuenta de que “se nos ha olvidado desenchufar, disfrutar de una sola cosa a la vez”. Y puso ejemplos de cosas que queremos acelerar, concentrar, aunque tienen una propia naturaleza lenta, como por ejemplo, escuchar: “Escuchar es un arte perdido en esta cultura de la rapidez. Es una cosa que nunca podremos acelerar”, aunque lo intentamos… Pero, ¿hacer más y más rápidas cosas a la vez es “aprovechar” el tiempo? No lo parece: “estamos acelerando la vida en lugar de vivirla”, explicaba en su charla Honoré. La conclusión es que hay momentos para ir rápido e incluso para amar la velocidad, pero hay otros para ir más despacio y lo importante es darle a todo su tiempo necesario. El slow movement demuestra una deliciosa paradoja de la lentitud: cuando hacemos las cosas con calma obtenemos resultados más rápidamente. Así que como solución Carl Honoré propone reaprender el arte de la lentitud.

Y en el terreno educativo ¿en qué puede ayudar el slow movement? Pues en mucho. “Para muchos niños hoy por hoy la niñez pasó a ser una carrera hacia la perfección”, criticaba el ponente explicando que cargamos a los niños de actividades extra, tecnología extra y que tememos horriblemente la palabra aburrimiento en un niño. Sin embargo, los niños tienen que aburrirse de vez en cuando: “Dejémosles momentos no programados, de aburrimiento, es ahí donde estos aprenden a ser creativos, a socializar, a mirar hacia dentro y conocerse a sí mismos”.  Los niños no necesitan tanto exceso de estimulación, concretamente de estimulación electrónica, que tanto aportamos hoy día. El ponente ponía como ejemplo que gente puntera de Microsoft o el propio Steve Jobs no les daban tablets a sus hijos.

Este movimiento llega cada vez más a los colegios más admirados del mundo, incluso el famoso colegio Eton de Reino Unido, apoya el lanzamiento de un movimiento de slow education. “Hay que enviar un mensaje al mundo educativo: los niños tienen que poder recuperar ese espíritu lento”, apuntaba Honoré. Y a nivel universitario Harvard también apoya la educación slow.

Honoré propone que en los colegios se dejen espacios en los que los niños puedan hacer actividades con la filosofía slow. Puso como ejemplo de la efectividad del slow un vídeo de una agencia de publicidad en la que se enseña con un sencillo ejemplo en un colegio lo importante que puede ser a veces no trabajar o aprender bajo presión, sino con tiempo para desarrollar la creatividad.

En el evento participaron también Jaume Carbonell, ex director de Cuadernos de Pedagogía, y Antonio Basanta, director general de la Fundación Germán Sánchez-Ruiperez y columnista de Cuadernos de Pedagogía, quien resaltó que son tiempos de incertidumbre los que vivimos, pero también extraordinarios en oportunidades educativas y afirmó que “si apostamos por la educación, apostamos por las mujeres, por los hombres y por su futuro”. Asímismo Basanta declaró que “apostar por la educación es hacer posible un nuevo renacimiento” y que “Educar es cultivar. Quien cultiva tiene sentido de la espera y quien tiene sentido de la espera puede tener también esperanza”.

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