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De las ventajas para padres y profesores de convertirse en cuentistas

De las ventajas para padres y profesores de convertirse en cuentistas
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Padres, madres y docentes: no pretendo en este post llamaros cuentistas, sino… animaros a que lo seáis. Y es que en estas líneas intentaré reflejar los beneficios que los expertos encuentran en aplicar el método del storytelling a la labor educativa, tanto de los padres, como de los profesores de cualquier nivel de enseñanza.

El storytelling consiste en la técnica y el arte de transmitir enseñanzas a través de cuentos o historias. Se usa en clases para niños, adolescentes, universitarios, jornadas, charlas profesionales, etc. Por ejemplo en las TED Talks, famosas conferencias de gurús que duran veinte minutos y en las que participan los mejores oradores del mundo, el 90% de ellos no cuentan simplemente un contenido, sino una historia, es decir, aplican el storytelling con gran creatividad. Y es que este se trata no solo de una ciencia, sino también de un arte, porque sin inspiración y talento las historias no existirían. De hecho, se puede tener imaginación y usar voz, texto, imágenes, textos, canciones, incluso arena… Y las narraciones con las que nos quedaremos son aquellas que más interés e intensidad emocional tengan.

Las historias nos dan la capacidad de escuchar de otra manera, así que aplicado a la educación formal el storytelling hace que las clases llamen más la atención. El profesor puede usar una narrativa con la que el alumno se identifique y “colocarle” el mensaje. De esta manera involucra al estudiante, ya que es más fácil atender a una historia que a una exposición magistral habitual.

David Antón, psicólogo clínico y profesor en la Universidad Pontificia Comillas Madrid, explica que la ventaja que tiene aplicar esta técnica en las clases es que “por una parte facilita la atención y mantiene el interés por parte de los alumnos, ya que es más fácil implicarles en una historia que en la exposición de datos abstractos. Y por otra parte, favorece el recuerdo, ya que una historia se convierte en una experiencia y el cerebro recuerda mejor las experiencias que la información”.

Este tipo de clases al principio pueden resultarles extrañas a los alumnos, sobre todo a los que tienen más edad y están menos acostumbrados al uso de narrativas en el aula. Pero, en general, les suele parecer un cambio interesante. En una historia estás deseando saber qué pasa después.

Frente a quienes piensan que esta técnica puede hacer que el alumno se despiste, Antón  por su propia experiencia, apunta: “he encontrado a menudo que, de hecho, favorece que se mantengan centrados, ya que las historias, en sus diferentes formas, generan más interés. También es cierto que requieren más preparación y consumen más tiempo”.

¿Cualquier profesor y en cualquier materia puede usar la técnica del storytelling? Según los expertos, sí. Claro, que hay asignaturas que se prestan más fácilmente que otras. Por ejemplo, la Historia es prácticamente storytelling en sí misma, mientras las Matemáticas requieren un esfuerzo extra para insertarlas en el contexto narrativo. Sin embargo, David Antón comenta al respecto que “incluso en las Matemáticas se puede hablar de los matemáticos que inventan las fórmulas y operaciones que se estudian, las diferencias que supusieron esos desarrollos para la ciencia, las aplicaciones hoy día o la experiencia de aprenderlas que tuvo el profesor y traducirlo en una historia que permita concretar algo tan abstracto que suele escapárseles a los alumnos. También habrá profesores que tengan más facilidad o predisposición para narrar historias y otros a los que no les guste o interese, pero en cualquier caso es algo que se puede aprender e incorporar como una excelente herramienta didáctica”.

En el terreno familiar a los padres el conocimiento y uso del storytelling les aporta una buena herramienta para transmitir ideas, valores y soluciones. Estos contenidos pueden ser ejemplificados y recordados por sus hijos de forma mucho más eficaz a través de las historias que mediante una explicación. De hecho, Antón apunta “yo he trabajado con mis hijos temas como no pelearse con los compañeros o los miedos nocturnos mediante historias, tras descubrir que las explicaciones no surtían efecto. Muchas fábulas y cuentos clásicos son precisamente enseñanzas adaptadas para niños, como ‘El patito feo’, que habla de valorarte por quién eres y no por la opinión de otros.”

Por qué funcionan las historias
Los científicos han encontrado una explicación neurofisiológica. Nuestras ‘neuronas espejo’ son las que se ponen en marcha no cuando hacemos algo, sino cuando vemos, oímos o nos cuentan ese algo. Están relacionadas pues, con la empatía. De esa manera, al contar algo podemos hacer como si esa persona lo estuviera viviendo y eso le implica más. Además, cuando escuchamos una historia descrita en términos emocionales, segregamos ‘oxitocina’ y se crea una conexión que nos hace atender más.

En conclusión, las personas nos narramos nuestra vida, nuestra historia e identidad y narramos lo que hacemos a otras personas, como forma de relacionarnos. Luego, sabemos hacerlo. Utilizar esa misma estructura de narrar en cualquier otro intento de comunicación proporciona conexión y facilita el entendimiento independientemente del contenido. Así que, no se trata tanto de aprender a usar el storytelling, sino de ser conscientes de que lo usamos continuamente y de incorporarlo en esas circunstancias en que olvidamos que es una buena herramienta a nuestra disposición.

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